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viernes, marzo 27, 2015

Año 10: Comics Army

La historia detrás de cómo nace Comics Army se contó en su momento en el propio programa, peroooo paaaaara los flojos, aquí va la versión en unos cuantos renglones: Un proyecto entre varias personas que originalmente iba a ser de videojuegos se fue desgajando —de gente— hasta que quedamos nada más dos, a los que más que interesarnos las consolitas, los Segas y los Marios Bros, nos gustaban los cómics. Teníamos tiempo libre, teníamos ganas y como hubiera dicho el maestro de maestros Alex Cruz, What Demons, ¿por qué no hacerlo?
Comics Army, alojado en la página de Langaria.net, fue el podcast que acompañó durante un buen tiempo a este blog, y ha sido quizás una de las experiencias más divertidas que me ha brindado este espacio. BMB_Bishop y su servidor grabamos durante varios años el show de forma itinerante, armados con un micrófono y un hambre atroz. A veces en restaurantes, en la calle, en distintas casas o en donde se pudiera prender la computadora del Bishop (se acabó al menos dos, durante el tiempo que hicimos el programa).
Y no, no fuimos sólo dos. Si algo tenía el programa, era la capacidad de sorprender con invitados que, por lo regular, no estaban contemplados. Desde magos, ciegos, vagabundos, drogadictos, trovadores (asco), Community managers, niños índigo, otakus y el infaltable gag de las meseras, que en su inmensa mayoría, nos observaban con cara de perplejidad y pena (tristemente, nos pelaban más los meseros).
El tiempo que duramos haciendo el programa, de verdad, lo disfrutamos. Cuando terminó, nos preguntaron mucho el por qué, que si nos habíamos peleado, o si finalmente unos de los dos (Bishop, claro), se había hecho la jarocha.
La realidad es que desde que comenzamos hasta el último programa pasaron un par de año (poco más) y aunque en esencia eramos igual de ñoños, y disfrutábamos los cómics, muchas cosas cambiaron en la vida de cada cual, y eso hacía que encontrar los tiempos y en mi caso muchas veces el ánimo para hacer Comics Army Z se volviera complicado.
Antes de terminar dando lástima (porque risa ya dábamos), ambos decidimos que hasta allí llegaba. Cómics Army nos pertenece a los que lo hicimos y a sus escuchas, y sentimos que fue mejor dejarlo como un proyecto hecho con ganas, antes de volverse en algo hecho a fuerzas.
Desde que concluimos el programa hasta el momento en el que escribo estas palabras, a Bishop y a su servidos nos ha pasado otra vida por encima. Muchas, muchas cosas han cambiado, pero, ¿saben qué? Seguimos siendo amigos. Lo considero uno de los mejores qué he tenido en la vida, y me sentiré siempre infinitamente agradecido de la oportunidad de haber hecho el podcast con la gente de Langaria, de habernos divertido, tragado y empachado en cada grabación. De todo, y por todo, valió la pena.
NEXT: Los colaboradores. Las redes sociales y el gran final. ¡Don't Miss It!
Y sí, Bishop se hizo la jarocha.

jueves, enero 29, 2015

Hace 10 años

Francomagno siempre ha profesado un profundo
respeto por el trabajo de los creativos de la industria.
Hace 10 años el mundo pasaba por una crisis, la economía estaba en un momento álgido, la sociedad estaba sumida en descontento con los gobernantes, nos la pasábamos de mal en peor con los desastres naturales, y sobre todo, con la inseguridad. Pero al menos había algo que nos sacaba un poco del pesar y el sopor de esos días. Sí, estoy hablando del porno, pero también había comics en aquel tiempo, y eso era algo bueno.
Hace 10 años el ser ñoño no estaba de moda, cuando te veían comprando “tebeos” la gente te veía raro, y ni hablar de decir que te había gustado la película de Spawn o que eras fan from hell de las Tortugas Ninja. El humor era de puro pastelazo en la cara de Jorge Ortiz de Pinedo y las chistes eran el clásico “estoy bien feo” de Carlos Eduardo Rico.
Los blogs, también hay que aceptarlo, sí estaban de moda. Había blogs de todo, literalmente de todo, de Pokemon, de futbol, de política, de moda, de comida, de crochet, valga, de lo que quieras; y claro, en el mundillo under también había blogs de comics. Unos pocos, y muy clavados, pero de que los había, los había.
En ese mundo de blogs un día apareció el señor Francomagno. Y aunque comenzó medio clavadito, con el tiempo encontró la fórmula correcta. Una cierta dosis de orgasmos ñoños con el equilibrio del humor básico, pero inteligente. Mentiría si digo que lo leí desde el primero momento, pero desde que tuve la fortuna de conocerlo en vivo, y con el tiempo convertirme en su amigo, leo asiduamente cada publicación que hace.
Un día le pregunté, lleno de estupefacción, cuál era la clave para lograr que la gente comentara sus entradas, que se interesaran por lo que escribía, vaya, para el éxito en un mundo tan competido como el entretenimiento digital. Él fue muy claro, me dijo “No sé. Lo que a mí me ha funcionado ha sido la constancia. Al inicio nadie me pelaba, pero yo no lo hacía porque me dieran atención, escribía por dos cosas: porque me apasiona escribir, y porque me gusta el tema del que estoy hablando; he sido constante, escribo lo que me gustaría leer, y poco a poco los resultados se han ido dando.”
Esta frase, que tal vez parezca rebuscada, me cambió la vida, debo ser sincero. Un día llegué a una agencia de publicidad, y me hicieron una pregunta muy parecida, me preguntaron qué estrategia seguiría yo para hacer que una marca tuviera éxito en el mundo digital, sólo pude pensar “si le funciona al Francomagno, ¿por qué no a una marca?”. Así que yo respondí eso. Hay que ser constantes.
La constancia no quiere decir que tienes que escribir todos los días sí o sí. Para nada. La constancia tiene que ver con el estilo, con la disciplina, con la visión, con el tratamiento de los temas, con el entendimiento del medio, y estoy seguro que muchos de los que leen esto coinciden conmigo en que en todo esto que menciono no hay nadie que lo tenga más dominado que el señor que regularmente escribe aquí.
Hoy, después de 10 años, el mundo pasa por una crisis, la economía está en un momento álgido, la sociedad está sumida en descontento con los gobernantes, nos la pasamos de mal en peor con los desastres naturales, y sobre todo, con la inseguridad. Pero al menos hay algo que nos saca un poco del pesar y el sopor de esos días. Sí, estoy hablando del porno, pero también está Francomagno, y eso es algo bueno.



¡Muchas felicidades, hermano!