Spider-Man se enfrenta con un recién liberado Buitre (la versión nueva claro), que comienza vendetta para cazar a quienes lo transformaron en el adefesio volador que vomita basura que es ahora. El problema es que el Buitre es no persigue a Spidey, sino al mismísimo Jonah Jameson, el amoroso alcalde de Nueva York.A partir del reboot, el título de Spider-Man se ha esforzado por recuperar la frescura que solía tener el personaje antes de ser manoseado por Strackzinsky o como se escriba (y otros muchos anteriores a él), a veces el intento se queda en eso, y a veces funciona y aparecen este tipo de historiasbien estructuradas.
A diferencia de otros autores que tienen un trauma permanente con Peter Parker y su identidad secreta, Mark Waid sabe crear una trama que se centra en el villano (explicando al fin el origen del Buitre) y de paso nos regala varios diálogos muy al estilo "Spider-Man", llenos de humor, sin olvidarse de darle al personaje de la mala suerte que lo acompaña de forma casi perpetua.
Quizá los mejores cómics de este personaje son los de este tipo, o al menos siento que es mucho más entretenido leer las aventuras y problemas que se mete por ser un combo de héroe-asalariado y no tanto los problemas existenciales que de repente algunos autores insisten una y otra vez en mostrar.
Aunque la portada es bastante atractiva, el dibujo de los interiores al principio me contrario un poco. Paul Azaceta no es el tipo que nos regala las mejores posturas y construcciones anatómicas que hayamos visto (por momentos Spider-Man parece una bolsa de Ruffles columpiándose por la ciudad).
Para quienes sean amantes del estilo de Jim Lee o Rob Liefeld, los trazos de Azaceta pueden parecer un atentado visual, pero creo que al menos en el tono de la historia funcionan bien, a secas.







